Monday, January 2, 2017

Comienzo

Comienza con una caricia,
Una mano que se escapa  y que intenta atravesar intacta 
la geografía de una espalda.
Un brazo que se enreda en el eje de una cadera
Un beso que queda atrapado en una prisión de labios húmedos 
Una mirada que despierta del letargo a un par de ojos dormidos
Y una palabra que se pierde en el susurro de una sabana.

Es un pequeño juego matemático, 
Un interrogante científico que intenta descifrar la compleja maquinaria 
que hace funcionar a un par de cuerpos.
Una jugada de ajedrez emocional que queda suspendida...
en un tablero de sensaciones.

Comienza con un juego infantil que se resiste a entrar en las fauces 
de la madurez
Con un encuentro premeditado que se repite en el calendario
de una habitación.
Comienza con un roce mínimo, 
Con ese aliento que planea libre  sobre la pista de aterrizaje de su cuello
Con ese cosquilleo que provoca el contacto entre dos centros
Comienza así y no de otra manera
Aunque esta claro que ninguno de los dos piensa aun en como termina.
.



Al Loco del Pelo rojo

Pobre Vincent!
El loco del pelo rojo agoniza,
Atacado por otro de sus inquietos demonios,
Y esta vez ni las cartas a Theo van a salvarle.
Los girasoles se preparan a llorar tu muerte,
Los lienzos a vestir su luto
Y los pinceles a derramar sus lágrimas al óleo.

Pobre Vincent!
La pieza que no encajó en el engranaje
El alma que fue devorada por una sociedad demasiado ciega,
cono apreciar ver el verdadero color  de la realidad
Y que apretó el gatillo que acabo con tus sueños.

Ahora que tu rostro cuelga en la pared de un museo parisino
Que tus cuadros alimentan la boca de tus detractores
Y que tu nombre ya no es tan maldito,
Quizás encuentres en algún lugar entre él cielo y el infierno,
La paz que la Tierra siempre se rehusó a regalarte.


Nostalgia

Entre caricias de rascacielos anónimos,
y aroma a tarde de Domingo,
Entre reflejos pálidos del Río de La Plata,
y nudos de maletas atrapadas en las tripas de un Aeropuerto,
Asoman su cabeza  cadáveres de infancia,
buscando asilo en el Naufragio de un Recuerdo.

Irrealística


La marea se cubre de maletas
Los peces se suicidan con anfetaminas
la nostalgia crece y anda suelta
La costa camina  ciega  en cuatro patas,
Los árboles se emborrachan con absenta.

La arena se enferma de gangrena,
Los trenes duermen la siesta
Las  brújulas juegan una partida de póquer
La tristeza acampa en un bosque de cuchillos.

Miles

Miles lanzó un Sí bemol gigante.
La nota se escapó del vientre de la trompeta,
acarició los labios del contrabajo,
perforó el útero  redondo de la bateria.

Atravesó los muros del café del Greenwich,
Invadió los corazones negros del Harlem,
Estremeció las jeringas  de los dealers de la quinta Avenida,
Sacudió el estómago hambriento de los  beatniks de la plaza Washington,
explotó el cráneo de un  escritor hundido en un motel del Bronx,
y cruzó  a pié el Puente de Brooklyn,
hasta mojar los pies desnudos en la ribera del Río Hudson.




Sin titulo

Para olvidarte, 
solo necesito recuperar alguno de tus  silencios,  
lanzados  como misiles antiaéreos desde la base militar de tu cama 
o alguno de tus besos ejecutados por tus labios a veinte grados bajo cero.
Para convertirte en ilusión óptica, 
solo me basta con abrazar al Insomnio.

Para que Ana, tu nombre, 
deje de arrastrarme al derecho y al revés
Solo  tengo que amputar las patas a las vocales 
y cerrarle los ojos  a tus consonantes.

Poema Abortado

Tu boca ciega, amordaza palabras inútiles.
Tus ojos perdidos, en una nube de párpados cadáver,
Tu silencio, atrapado en una pantalla de cinco pulgadas,
Tu cabeza escondida debajo de una cáscara de minutos,
Tus piel construye una frontera de caricias,
Tus manos desnudan la quietud de mis dedos,
y estallan como cohetes huérfanos, 
en la atmósfera pesada de Domingo.

Agua

La inundación avanza sin piedad
se ahogan las putas del Este del Raval ,
los dealers lisiados, los yonquis tartamudos del Gótico,
los obreros sin espalda de Sants,
los noctámbulos ciegos del barrio de Gracia.

Una ola amputa los pies de la Sagrada Familia,
arrastra los colosos modernistas del Paseo de Gracia,
las estatuas a la deriva, 
navegan en una marea imposible, 
y se hunden en las profundidades del Arco del Triunfo.

La marea azota los bazares chinos de Poble Sec,
siembra el pánico entre turistas descalzos de la Rambla,
Lanza un latigazo demoledor contra la cabeza de Colón,
y la entierra junto a los peces de Vía Laietana.

La ciudad se hunde en una nube de silencio,
las calles se evaporan del mapa,
las esquinas son borradas del satélite,
los transeúntes devorados por el Mediterráneo.

La Balsa


Y un día no muy lejano, Buenos Aires se desprendió del continente, levó anclas y se transformó subitamente en una balsa gigante, que avanzó a través de la ribera del Río de la Plata, rozando peligrosamente las costas uruguayas. Del otro lado del Río de la Plata, los uruguayos contemplaban como espectadores de lujo, el increíble fenómeno ,que esa mañana sacudía la tranqulildad montevideana. Aunque en el fondo , no se dejaban sorprender demasiado, quizás por aquel viejo mito popular, que afirma que sus vecinos, siempre han tenido los ojos demasiado apuntados hacia Europa y siempre han soñado con arrancarse de un tirón, ese pesado karma de habitantes del fin del mundo.

Un centerar de científicos fueron convocados en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Naturales de la Avenida Córdoba. Tras realizar comprobaciones físicas, cálculos matemáticos y análisis geológicos de alta precisión, realizados con con aparatos con tecnología defectuosa y obsoleta, los científicos llegaron a una conclusion casi unánime: el hundimiento seria inevitable y se produciría en el preciso instante, en que la improvisada ciudad- balsa alcanzase la línea oeste del Meridiano de Greenwich, a la altura aproximada del paralelo de Groenlandia.

En cuanto a mí, en calidad de extranjero exiliado en el Viejo Continente y movilizado por un violento ataque de nostalgia, cultivada a traves de los años con pulsaciones de Piazzola y Cronopios de Cortazar, decidí reunirme con varios de mis compatriotas, agolpados desde primeras horas en las puertas de la embajada en Madrid, a la espera de noticias.

La fantasía del retorno, construida en mas de una noche de insomnio, ahora se hacía realidad y de manera impensada. El sur cruzaba a nado el inmenso charco de agua que desde siempre nos había estado distanciando.Claro que el nuevo escenario abría ciertas dudas en el horizonte y algunos , los mas pesimistas, especulaban con que el destino final no sería la península ibérica, sino que la balsa acabaría desembarcando en lejanas tierras Australianas.

A todo esto, los porteños, verdaderos protagonistas de la historia, ahora convertidos en improvisados pasajeros de una ciudad flotante, intentaban mantener la rutina y el caos cotidiano, aunque estaba claro que nadie era ajeno al fenómeno, que invadia las charlas de café, programas de radio y tertulias de televisión, desplazando a un segundo plano los acalorados debates políticos y las siempre eternas discusiones sobre fútbol. La idea de convertirse en europeos, dividía a la sociedad entre sus partidarios, en su mayoria familias Aristócratas de Bario Norte y sus detractores, humildes habitantes de las zonas pobres del Sur y fervientes defensores de la tradición latinoamericana.

Sin embargo ambas partes enfrentadas, coincidian en que en caso de un probable y casi seguro hundimiento, las primeras en saltar del barco serían las ratas de la Calle Balcarce.

Finalmente, luego de dos días de intensa navegación, a una velocidad promedio de unos doscientos nudos por hora, casualmente la misma alcanzada por el Titanic antes de chocar su trompa contra un un iceberg, la proa de la balsa acariciaba la linea oriental del temido Meridiano de Greenwich.

El aire cortó las garagantas de las ciento doce personas agolpadas frente a las puertas de la embajada de Madrid, incluso la mía, que esperaba junto a los demás un deselance trágico, similar al del famoso Trasatlántico.

Pero contra todo pronóstico, el hundimiento no se produjo y la balsa detuvo los motores,treinta metros antes de alcanzar la linea de Greenwich. Una inmensa sensación de alivio recorrió velozmente las calles de Buenos Aires, destrabando los estómagos anudados de sus diez millones de habitantes.

Lo cierto es que la balsa no se hundió, pero tampoco siguió avanzando, estancándose en el medio del océano. El resultado provocó una ola de desilusión en la multitud reunida en la embajada, que poco a poco fué abandonando las inmediaciones del edificio de Gran Vía, regresando a casa con amargo sabor de desilusión en la boca.

Pasaron los dias, pasaron los meses y los años. La noticia sobre el fenómeno se fue desvaneciendo, hasta transformarse en una simple anécdota. Los debates políticos y las apasionadas discusiones sobre futbol volvieron a ocupar su lugar de privilegio en las charlas de café, condenando al olvido el viejo sueño de convertir a Buenos Aires en la nueva Paris.

En cuanto a mí, sigo alimentando mi nostalgia crónica con pulsaciones de Piazzola y Cronopios de Cortázar, aunque en el fondo, guardo esa pequeña aunque débil esperanza, de que algún día, no demasiado lejano, podré recuperar mi karma de habitante del fin de mundo.





La Batalla de Miguel

“Un trabajo que lentamente te aniquila”, la frase deambulaba en la cabeza de Miguel.
Desde hace unos años, no se sabe exactamente cuantos, pero si los suficiente para sentirse atrapado en una jaula de escritorios, ordenadores, informes, carpetas y documentos, que lo asfixian de lunes a viernes, sábado y domingo una dosis efímera de libertad, que se extingue el lunes por la mañana, justo en el instante en que empieza el bombardeo del reloj despertador.

Miguel soñaba con una vida de escritor,  que le proporcionaría viajes por el mundo, noches de bohemia edulcoradas con gotas de exceso de alcohol y drogas, encuentros con artistas, relaciones esporádicas con mujeres atractivas y toda esa clase de cosas que conforman el ideal del artista que vive al limite y disfruta cada minuto como si fuese el ultimo. 
Miguel abre los ojos y descubre que aun continua encadenado a un escritorio, una silla, una montaña de papeles y un jefe de departamento, que merodea como un perro, vigilando que cada esclavo, cumpla con las tareas asignadas por el Director de la empresa, que a su vez vigila que el Jefe de Departamento cumpla con la obligación de mantener el orden en la la oficina. Cualquier intento de romper con las reglas establecidas, se traduce en un despido fulminante, sin goce de sueldo ni vacaciones pagas.

A pesar de esto, Miguel encuentra un hueco por la noche, le arranca  horas al sueños, se desangra en el vientre del Insomnio y  navega, atravesando  un océano de palabras vomitadas,  párrafos abortados, lineas que intentan trazar el mapa de una historia y  personajes siniestros, paridos con cesare en la mitad de la noche. La pagina escrita, cuando logra por fin dar a luz en el filo del amanecer, es un refugio anti bombas, un bote salvavidas, una patada en el culo a la monotonía, una  bocanada efímera  de aire  fresco que abre un hueco en la pared contaminada de la habitación.

Cada noche, Miguel se viste con su vieja armadura, desempolva la espada oxidada del armario y se lanza a pelear contra los ejercito de la monotonía, el vacío, la vulgaridad y  el sinsentido, que inician su ataque nocturno.
La batalla es cruenta, ya que los ejércitos poseen armas avanzadas y una legión de soldados bien preparados. Miguel, solo con su espada, intenta frenar el avance de las tropas, aunque el combate es desigual, ya que las fuerzas del enemigo son superiores en , Miguel no se rinde y pelea con dignidad hasta los primeros minutos del alba, momento en que las tropas inician la retirada temporal, desplazándose hacia otro frente de combate.
Miguel se quita su armadura, guarda la espada en el cajón del armario y  acuesta en la cama, agotado y  herido, por los ataques del enemigo. Pero el descanso sera breve, ya que es interrumpido por el bombardeo del reloj despertador, que inicia su ataque a las 7 en punto.
Miguel abre los ojos,  pesados como agujas y apoya los pies desnudos en el suelo. Atraviesa  mordiendo las paredes de la habitación y esquivando botellas rotas y colillas de cigarrillos, restos del combate librado durante la noche anterior.  
En apenas una hora, estará nuevamente sentado en el escritorio de su jaula matinal, esperando que las horas inútiles avancen, hasta desembocar en el sonido la campana salvadora de las 5 de la tarde, que le devuelva temporalmente su libertad.

Modelo para Armar II

La proa de un pensamiento inútil.
la sangre vagabunda, merodea un bosque de células errantes.
la matriz de una idea desahuciada, 
atada a los cabos de un pensamiento insípido y amorfo.
El puente de un sueño anémico,
aferra su esqueleto a las vigas de una pesadilla.

Entre los dos,
inventamos un diccionario de vocales lisiadas.
Entre los dos, 
escribimos un sexo huérfano de carne.
Entre los dos,
una perfecta matemática de fugas.
Entre los dos, 
una ruta árida, trazada en el paralelo occidental de un desencuentro.

La mordida letal de una promesa.
la tempestad de una fantasía inacabada.
la insoportable resaca de un deseo.

Los ilusos,avanzan guiados por la fé de la ceguera, 
resisten con torpeza adolescente,
al bombardeo kamikaze de un ejército de dudas,
al desembarco masivo de una flota de fracasos.
Los dos acaban condenados a una derrota inevitable,
a un armisticio amargo,
sellado en las fronteras de un silencio.







La herida

La herida brota del estómago del  bandonéon
mancha los adoquines de San Juan y Boedo
cruza a nado las orillas del  Riachuelo
y asalta por sopresa los conventillos de La Boca.

La herida se despierta en una tarde en domingo
asoma la cabeza en un cafetín del Abasto
duerme la siesta en una plazoleta de Palermo
y arrastra una nube de boulevares en Almagro.

Nosense

Un nosense de proporciones dantescas
Un caos de pensamientos que no termina de ordenarse
Una bestia alojada en el hemisferio izquierdo del cerebro
Un nombre que suena igual al  derecho, como al revés
Un apellido que le resta valor existencial  a mi nombre
Un deseo, que  agita violento el sexo de la cama
Una voz que inquieta y que se pierde en el agujero negro de la Noche.

Ese ser y no ser, ese estar y no estar
Ese eterno deambular de los días en él estomago del calendario
Esa primavera que me abandona de repente y me expulsa a los brazos húmedos  del verano
Ese nota disonante que desafía las leyes de la música
Esa vocal maldita, que destruye los principios de la Gramática
Ese color, que traiciona al Ojo del pintor y se acuesta con los grises

Indefinido II


Un recuerdo se desabrocha el paracaídas 
y se arroja al vacío,
golpea  su cabeza contra una fantasía
y se hunde en un océano de Amnesia.

Intenta moldear la memoria,
pero en lugar de brazos, brotan piernas ciegas 
ojos ateos, oídos lisiados,
y sueños que laten sonámbulos.

Mirada

Mira hacia el horizonte  reventado,
Al cielo amordazado por las nubes,
A la herida ciega brotando de los edificios,
A los oficinistas avanzando hacia el Matadero.

Mira a la ciudad manchando la tarde de grises,
A los desposeídos tejiendo un cáncer de avenidas,
A los exiliados cavando fosas en el asfalto,
Al silencio deteniendo la rueda,
arrastrándola hacia un abismo de movimientos inútiles.

Mira hacia los lunáticos conspirando un golpe ,
A la fantasía deformada del espejo,
Al Calendario apretando el gatillo.
Los meses son fusilados a quemarropa.

Sonata

Sonata de piano amarga.
Erick Satie  lanza un fa mayor asesino,
la nota se fuga violenta de la partitura ,
Dispara a quemarropa,
y perfora un pedazo de corazón muerto.

La Oruga que ya no sueña con ser mariposa,
Golpe a la belleza,  
Al calendario que devora los dias como moscas,
A la tierra cavando agujeros,
Al Ser, al verbo y a esos ilutres habitantes de la Nada.

Último round

Las venas se desploman en una esquina ciega del cuadrilátero,
La carne estalla con la pólvora de los huesos,
Los músculos explotan como bombas de Napalm,
La piel es arrojada sin piedad a una trituradora.

Las piezas abortadas del puzzle,
Los vencidos del Jaque Mate Gigantésco,
Los vagabundos de las horas inútiles,
La cuna masticada con las mandíbulas del Tiempo.

Golpe de nocaut al Amor, 
A la Belleza, al Sueño perfecto de los héroes,
Al fuego que no quema, 
A la sed divorciada del agua,
Al hambre insatisfecha de Los Dioses, 
A la civilización fusilada a quemarropa,
Al eclipse que nos guía, en un bosque de lunáticos.