La herida brota del estómago del bandonéon
mancha los adoquines de San Juan y Boedo
cruza a nado las orillas del Riachuelo
y asalta por sopresa los conventillos de La Boca.
La herida se despierta en una tarde en domingo
asoma la cabeza en un cafetín del Abasto
duerme la siesta en una plazoleta de Palermo
y arrastra una nube de boulevares en Almagro.
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