Coltrane disparó la
ultima nota, dinamitando el corazón del Mike´s Place, un pequeño
local anclado en el corazón nocturno de la agitada San Francisco.
-Ladies
and gentlemen, The John Coltrane Quartet,
lanzó el presentador de turno, provocando una conmoción en la
multitud extasiada, enardecida, sumergida en un trance similar al
que experimentan las tribus del Norte de México cuando logran
conectar Shaman. Los cimientos del pequeño local temblaron al ritmo
de un fraseo salvaje y demoníaco.
Mientras que Freddie,
Dave y Cannoball improvisaban el final de la canción, Coltrane
mostrando signos de cansancio, abandono el escenario. Los demás
músicos conocían que su ausencia temporal, se debía a la conocida
dependencia de John hacia la heroína, que los últimos años habían
desgastado de forma notable su talento y creatividad.
John atravesó un
oscuro pasillo, hasta llegar el rellano de una puerta. Detrás de
ella, lo esperaba Marcy, una joven y atractiva californiana, que
desde hace algún tiempo mantenía una relación tormentosa con el
Gigante del Jazz. Marcy era frecuente en los clubes del jazz de San
Francisco y los dos se habían durante una actuación del quinteto
Thelonius Monk en El Paradise de San Diego. Se rumorea que Marcy y
Thelonius han tenido una relación amorosa, que Monk continua
enamorado y que empujado por los celos, se ha distanciado de
Coltrane y le ha retirado el saludo cada vez que los dos coinciden en
un show.
John abrió la puerta y
se encontró con el rostro dulce de Marcy, que lo esperaba como un
Buda, leyendo la ultima edición de la revista Time.
-Hola
Marcy.
-Hola John, que tal
ha ido?
Ella se acerco hacia el
y lo beso en la boca. El se hundió en un viejo y oxidado sofá, que
apenas cabía entre las cuatro paredes de la habitación. Marcy lo
ayudo a quitarse la correa del saxofón y El se separo del
instrumento, como si se arrancara un brazo, que luego volvería a
colocarse en su sitio y se incorporaría de nuevo al cuerpo.
-Recuerdame que
tengo que hablar con Steve. Ya no quiero seguir tocando en lugares de
mierda como este, la acústica es imposible, la batería casi no se
escucha, lo puedes creer? Como es posible que Steve ya no no consiga
lugares decentes para tocar? No lo entiendo. Miles tocando en el
Madison y yo aquí. Como es posible, Marcy?
Ella le arremanga
suavemente la camisa, preparando el terreno para la dosis diaria,
escondida en su cartera y lista para acariciar el desierto de venas.
-Porque no vuelves
con Miles, John?. Me cruce con la otra mañana en Denny´s, sabes?
me ha dicho que le gustaría volver a tenerte en su banda. Podrías
ganar una buena pasta, podríamos cambiar de casa, comprar un coche.
Porque no lo haces, John? Que le den por culo a Steve, estas
estancado con el y lo sabes.
-No puedo volver con
Mile.
-Porque? no te
entiendo...
-Porque simplemente
no puedo volver con el. Hay cosas que nunca entenderás,
-Que es lo que no
entiendo? Explícamelo.
-Marcy, no empieces,
por favor. No me lo pongas mas difícil. Pásamela, quieres. Necesito
un toque.
Marcy le entrego la
aguja, que tarde menos de una milésima de segundo en clavarse en el
brazo.
Mientras
el efecto subía y se colgaba boca abajo en los ojos de Coltrane,
Ella
se mantuvo en silencio, sin respuesta. Marcy había visto morir a
demasiados músicos en los últimos años, había contemplado el
decadente espectáculo de la droga consumiéndolos y destrozándolos
por dentro.
-No
quiero verte así, John,
se decía Marcy a si misma, al mismo tiempo que la imagen de Birdy,
postrado en la cama, agonizando con una aguja clavada en las venas,
atravesaba como un relámpago en su mente.
Marcy sabe que la
historia se repetirá con John y que a pesar de las temporadas en
clínicas de rehabilitación, de los tratamientos con metadona,
la batalla estaba perdida desde el comienzo.
Coltrane se encendió
un Chesterfield rubio, con un elegante mechero plateado, un regalo
de Miles para su cumpleaños numero 30, labrado con las iniciales de
su nombre.: J.C.
Por un instante, John
vio reflejada en la suciedad del espejo, a su prematura vejez de 35
años.
En su rostro, las
huellas miles de noches de sesiones, ensayos extenuantes, de viajes
en carreteras atravesando el corazón de la América profunda, de
madrugadas con aroma a Jack Daniels, de habitaciones de motel barato,
putas, proxenetas, dealers, jugadores compulsivos, borrachos,
yonquis, que siempre han estado merodeando en el universo del jazz...
Coltrane dio una calada
profunda, intentando esconder la cabeza en la nube del tabaco.
-Podríamos
ir a cenar al restaurante de Angelo o si lo prefieres en casa. Que
dices?
Coltrane apago el
cigarrillo y la nube de humo se disipa inmediatamente.
-Espérame en el
coche Marcy, no tardo. Solo es un bis.
-Prefiero irme a
casa. Estoy cansada y mañana he quedado con mis padres para
almorzar.
-Esta bien, entonces
espérame en casa.
Coltrane la besa
repentinamente, pero ella responde con unos labios fríos y
desérticos. El beso es un inmenso iceberg que avanza a toda
velocidad , atravesando una tormenta.
El rugido de la
multitud, de las fieras que esperaban fuera para ver en acción al
Gigante del Jazz, volvió a colarse y descuartizo el beso en mil
pedazos. Coltrane se separo de ella y afilo la boca del saxofón,
listo para salir y bombardear la sala con fraseos imposibles.
-No regreses John.
Quédate conmigo. Solo por esta vez.
-Espérame en casa.
Intentare llegar temprano, te lo prometo... Te quiero, nena.
Marcy no responde,
lanza una de esas miradas que desgarran, que atraviesan la carne, con
ojos que son como dos cuchillos afilados que cortan el aire en
rebanadas.
John atraviesa la
puerta y sale, para reencontrarse con los rugidos de un publico que
lo adora y lo idolatra como a Un Viejo buda.
Ladies and
gentleman, The John Coltrane Quartet.
Un fa sostenido arranca
a Marcy de la cama. Ella se levanta y se dirige con el cuerpo
semidesnudo. Abre la puerta de la habitación y camina con los pies
fríos, recorriendo el living de una modesta casa que comparte desde
hace algunos meses con Coltrane, ubicada en los suburbios de San
Francisco. Marcy detesta esa casa, pero John adora el barrio, ya que
esta habitado por músicos, artistas, escritores y pintores. En los
ultimo años San francisco es la cuna de la contracultura en América,
del hippismo, de la Psicodelia, de los movimientos anti Vietnam y las
revueltas estudiantiles. John siempre ha adorado a San Francisco,
pero Marcy prefiere el ruido de los rascacielos de New York. Desde
hace tiempo que Ella intenta convencerlo para mudarse a la Gran
Manzana, pero John esta demasiado enamorado de San Francisco y su
vibrante escena musical.
John esta sentado en la
oscuridad, frente a la ventana , improvisando una versión
ralentizada de My Funny Valentine, uno de sus temas preferidos.
Marcy se acerca hacia el, deslizándose como una serpiente, en
silencio a las 4 de la mañana de un domingo.
El abandona
abruptamente la melodía, dejándola moribunda en el medio de un
fraseo que no acaba de tomar forma. Sonríe y se sirve el undécimo
trago de Jack Daniels de la noche.
-Hola Marcy. Que
haces despierta?
-No puedo dormir.
-Quieres un trago?
-No,gracias.
Marcy se desploma en el
sofá. Estira las piernas desnudas y las apoya en cojín gastado. Los
dos se miran en silencio. Coltrane acaricia una clavija del saxofón,
deslizando un tímido do menor que se pierde inmediatamente en el
aire.
-Que tal ha ido?
John no responde, se
mantiene en silencio. Ella se acerca hacia el y lo abraza,
envolviéndolo suavemente en sus brazos pálidos.
-Que tienes?
-Voy
a cumplir cuarenta años,
responde Coltrane, un Sol bemol que se escapa accidentalmente de las
tripas de la bestia amarilla y se impregna en una pared.
-¿Porque no
volvemos a New York? Puedo hablar con mi hermana y no quedamos un
tiempo en su piso. ¿Porque seguimos aquí, John? Acaso no lo ves?
Esta ciudad esta muerta. Alli podríamos empezar de cero, salir de
este agujero...