Sunday, January 19, 2014

Femenino

Tiene ese nombre de cuento de Chejov,
De princesa desterrada de un país del Este
Tiene los ojos de un secreto, enterrado en el fondo del océano
la voz de una mariposa perdida,
la piel de luna,
las manos de eclipse,
el vientre de azúcar.

El la espera en la estación de las diez y veinte
Mientras los demás se desvanecen en una mermelada de minutos
Ella jura enviarle una sonrisa atrapada en un mensaje de texto
Él deposita un suspiro en un buzón de correos
Ella se aleja y se abandona en una nube de edificios
El se despide melancólico
y se emborracha con una botella de insomnio.


Saturday, January 18, 2014

Conversaciones noctunas

En una noche cálida de Julio, el reloj atraviesa el umbral de las doce y provoca que un sueño se escape de la jaula de la almohada. El sueño camina en puntas de pie, para no esperar sospechas del soñador. Abre cuidadosamente la puerta de la habitación y se sube en una barca. La marea lo arrastra en aguas desconocidas. La balsa recorre miles de kilómetros y finalmente desembarca en una pequeña isla, ubicada en un punto perdido entre el Meridiano de Greenwich y la línea del Ecuador.
La isla, de aguas cristalinas y arena blanca tampoco figura en las guías turísticas, porque a decir verdad, aún no se ha logrado comprobar su existencia.
Allí, el sueño se reúne con otros sueños, que atraviesan los cinco continentes para participar del encuentro.
Las conversaciones, que se extienden las primeras horas del alba. se reparten en inglés, francés, español, italiano, ruso, chino y otros cinco millones de dialectos. A pesar de las las diferencias gramaticales, lo sueños encuentran la manera de comunicarse, a través de un complejo lenguaje , patentado a principios de los años 20, por un prestigioso psicólogo austríaco, famoso por sus investigaciones sobre el inconsciente y padre de esa ciencia amiga de lo sueños, a la que algunos suelen llamar psicología.

Los sueños japoneses son tímidos y educados, los españoles locuaces y un tanto desaforados, los sueños franceses hacen alarde de su sofistican y glamour, mientras que los alemanes se jactan de ser los mas filosóficos y pensantes. Los sueños brasileños son famosos por su optimismo, mientras que los sueños italianos , elegantes y ruidosos, pierden el tiempo intentando seducir a los incrédulos sueños norteamericanos.
Los sueños irlandeses intentan liberarse del dominio de los sueños ingleses, al igual que los sueños hindúes que recientemente han han proclamado su ansiada independencia de los sueños británico, a base de protestas pacificas y huelgas de hambre.
La jornada transcurre sin demasiados sobresaltos y sin demasiadas conclusiones. Los sueños no logran llegar a un acuerdo y el viejo proyecto de crear una organización mundial de sueños, queda una vez abortado.

Los primeras brazadas del sol, anuncian el fin del encuentro. Los sueños suizos ,famosos por su neutralidad y su sentido común, proponen una nueva fecha de encuentro, a pesar de la oposición de los sueños rusos y chinos, que denuncian que detrás de las negociación, se esconden oscuros intereses del departamento de inteligencia norteamericano, para hacerse del control de los sueños mundiales.
A pesar de la amenaza y luego de un intenso cruce de acusaciones entre americanos y soviéticos, históricamente enfrentados durante la guerra fría, se llega a un acuerdo que proclama la celebración de una nueva reunión, estipulada para el miércoles de la ultima semana del mes de agosto.

Los sueños se despiden en forma diplomática, se embarcan en sus respectivas balsas , ancladas en la orilla de la isla y atraviesan nuevamente el océano, regresando al hogar de los soñadores, que probablemente despierten sin encontrar rastros de lo acontecido en esa noche.

La noche que Buenos Aires se despertó sin Luna

Los científicos, reunidos en secreto en una sesión extraordinaria del Planetario de la ciudad. Intentaron develar diferentes teorías acerca de las causas de un extraordinario fenómeno astronómico, inédito en Buenos Aires desde su mismísima fundación.
Luego de horas de enfervorizada discusión, esa primera noche no arrojaron conclusión alguna y la gravedad de los hechos preocupo hasta él mas optimista. No era para menos, ya que esa noche, de forma inexplicable, La Luna había desparecido del cielo porteño.
Las deliberaciones continuaron durante las noches siguientes y lentamente fueron llegando distintos especialistas provenientes de todas las regiones del país. Se descartó la posibilidad de acudir a la ayuda de profesionales del extranjero, por tratarse mas bien de un problema de índole local y para en alguna medida, volver a demostrarle al mundo el talento y la eficacia de los científicos argentinos.


Hasta que una noche, probablemente la décima luego del inicio del fenómeno, el Doctor Martín Salazar, jefe adjunto del centro de estudios meteorológicos del gobierno de la ciudad de Córdoba, despertó con una teoría, el asombro entre los cientos de colegas que abarrotaban la sala Julio Verne, del Planetario Nacional.
Según palabras del Doctor Salazar, el principio de que la Luna esa noche desapareciera del cielo porteño, sin dejar ningún rastro, no tenia una raíz científica, sino más bien sentimental: “La luna ha desaparecido del cielo porteño por una razón sentimental”.
La frase sonó como una bomba y su efecto no tardo en generar una voces de protesta y aberración, que al cabo de unos minutos inundaron la acalorada sala.

“La Luna no puede sentir, por la sencilla razón de que ningún objeto astral puede concebir sentimiento, proclamó escandalizado, el jefe de La cátedra de Astronomía de la Facultad de Ciencias de la ciudad de Mendoza.
En cuestión de segundos, el ambiente se fue caldeando y el repudio unánime a tan alocada y anticientífica teoría se multiplicó molecularmente.
De no haber sido por la oportuna intervención del doctor Amadeo Guerra, ministro del interior y asuntos internacionales, cualquiera habría dicho que la cordura y la ética profesional estaba perdido entre esos hombre de ciencia y que el motivo por el cual estaban convocados a la sesión extraordinaria descendía a un mero segundo plano.


-Señores, señores por favor. Silencio, a ver, silencio por favor.
Las palabras de Guerra, afamado por su carisma y liderazgo en los conflictos, surtió rápidamente efecto y poco a poco los ánimos se fueron calmando, hasta que Salazar prosiguió con su discurso.

-Gracias. Si bien estoy en un principio estoy en desacuerdo con la verosimilitud de la teoría del compañero Salazar, creo que primero deberíamos dejar que acabe con su exposición y después sacar nuestras propias conclusiones. ¿ No les parece?
Poco a poco los ánimos se fueron calmando, hasta que la cordura volvió a inundar la sala, permitiendo que Salazar, escondido y atemorizado por el efecto de sus palabras, prosiguió.
-Gracias, señor ministro. Bueno, antes de proseguir, me gustaría fundamentar mi teoría en une exhaustivo estudio que he estado realizando a nuestra Luna desde hace ya algunos meses, por que su desaparición si bien me ha conmovido como a todos ustedes, al mismo tiempo no ha sido mas que el desenlace de un proceso, que probablemente se inicia una década atrás con la masiva fuga de porteños hacia otros rincones del planeta. Nadie puede negar, que hemos sido victimas de un profundo vaciamiento de conciudadanos en los últimos años, que han preferido ir en búsqueda de un mejor pasar, que lamentablemente nuestra ciudad ya no nos puede brindar. La luna necesita de espectadores, como un actor necesita de su publico y si el teatro se vacía, no queda mas remedio de levantar la obra y buscar el aplauso en otro sitio. La luna se ha exiliado, presa de la tristeza de ya no ser por los noctámbulos de esta ciudad.

Un tenso silencio invadió el lugar. Los científicos, ahora sumidos en un estado de desconcierto que por lo general provoca la revelación de una verdad. Se miraron entre si y murmuraron durante unos cuantos minutos, pero sin poder rebatir la afirmación de Salazar.
- Pero ¿ A donde se ha ido? Inquirió el doctor Abelardo Echevarria, profesor adjunto de la cátedra de física III , de la facultad de Ciencias exactas de la universidad de Río Negro, confirmando que en cuestión de segundos, la situación se había revertido drásticamente en favor del doctor Salazar.
El resto, que ahora miraba a Salazar como la única llave para resolver el enigma, espero impaciente la respuesta.
-No estoy seguro, contestó Salazar...
Estas tres palabras reabrieron un agujero negro de incertidumbre en la sala. Estaba claro La ciencia necesita de datos precisos para conducir a resultados concretos y....

Breve Interrupción del autor:
Aquí entro en el conflicto de la segunda pagina. Me cuesta un esfuerzo abismal poder superarla. Es como si las palabras decidieran montar una huelga en el borde de la hoja y no quisieran seguir atravesando en el relato. Seguramente, usted lector imaginario, estará buscando la conclusión del relato, un final feliz que pueda satisfacer sus expectativas y que renueve la confianza en mi, o sea en el autor de la obra.
Lamento confesarle que esto no será posible. El relato se acaba aquí. Quizás los científicos hayan seguido reunidos debatiendo durante meses y años , dando vueltas al asunto, malgastando el tiempo sin encontrar ninguna pista que pudiera conducir hacia la solución del problema
Quizás Salazar, haya abandonado la empresa y la ciencia, preso de una impotencia de no hallar la solución al enigma. O quizás la Luna, acorralada por un ataque agudo de melancolía porteña, haya decidido volver a casa.
O quizás ninguna de las otras opciones mencionadas sea la correcta y usted lector, si a usted el estoy hablando, deba abandonar la pasividad, dejar de lado la cobardía y encontrarle un cierre apropiado a esta historia.

Bueno en cuanto a mi, confieso que el discurso final ha sido una pequeña artimaña, un infame truco literario. Lo he estado engañando, si a usted y no a otro, a costa de que las palabras por fin se decidieran a abandonar el bloqueo ,mordieran el anzuelo y atravesaran el pie de la segunda pagina.


Dedicado a Ernest

Ernest aprieta el gatillo de la vieja Olivetti. La maquina escupe corridas de toros, 
batallas cuerpo a cuerpo en las Brigadas Internacionales, 
borracheras eternas en Monmartre.tardes con aroma a ron bajo el sol de La Habana, caminatas intrépidas en la Quinta Avenida, cartas a Fitzgerald, barcos que se estancan en pantanos de Florida, cócteles en embajadas y escándalos que atraviesan la agitada primera mitad del siglo XX,
A mitad de camino, un inesperado Premio novel, un par de amoríos fugaces 
y otro par de divorcios, fulminantes, relaciones ocasionales, sexo sin amor, depresiones crónicas, que poco a poco transforman su figura en un Lobo huraño, que intenta esconder la cabeza en el agujero del anonimato
El mundo se debate entre dos salvajes Guerras mundiales, dos bombas atómicas que acaban en un suspiro con dos ciudades japonesas, avances centífcos, descubrimiento de vacunas, cazas de brujas disfrazadas de campaña anticomunista, los primeros pasos de un tímido joven de Memphis, que desata el éxtasis en las adolescentes de clase media americana, otra guerra inútil en Corea, la ascensión de una rubia platinada en las colinas de Hollywod, la caida de un rebelde sin causa y el desembarco de un mujeriego en la casa Blanca.

Una mañana fría, la maquina, incansable boxeadora, se encuentra acorralada por décadas de excesos y una depresion que avanza como peste, decide dejar de latir palabras y se detiene.

La mañana de Franz K

Esa mañana Franz K. se levanto sin inspiración.
Reviso los manuscritos de la noche anterior, pero ninguno de ellos logro convencerlo.
Abrió la ventana y echo un vistazo a Praga, pero esta al igual que él, se hallaba dormida, silenciosa. , Sin nada que decir.
Franz K se sentó frente a su vieja Remington, que tiempo atrás había escupido una buena cantidad de realidades espeluznantes, revestidas de procesos, metamorfosis y castillos inalcanzables.
Franz K intento arrancar unas palabras a la Remington, pero esta se mostraba enmudecida.
¿Y ahora que? Se pregunto violentamente Franz K.
¿Que sigue, que viene después, como salir del agujero de la rutina, del abismo de la existencia burguesa, del laberinto sin salida del que tantas veces había hablado en sus cuentos?
Por primera Franz. K se hallaba desprovisto de aquel irrefrenable deseo de impregnar en una página una paranoia, una alucinación o una pesadilla.
La premonición de que finalmente acabaría por convertirse en uno de sus personajes, cobraba cada vez mas fuerza y una extraña sensación de calma, de aparente normalidad, de horrorosa tranquilidad lo asaltaba violentamente.
La idea de dejar de ser Franz. K, de volverse ese otro, de convertirse en un personaje que devora a su creador, se paseaba peligrosamente en los limites de la habitación.




Franz. K despego sus huesos de la silla y decidió abandonar a su inseparable Remington. Quizás era hora dejarla, al menos por un par de horas.
Quizás la vieja maquina necesitaba un descanso, una pausa, unas pequeñas vacaciones luego de tantos años de trabajo agotador.
Franz K. sale en búsqueda de una gota de aire que lo alejara del atroz encierro, a la caza de un suceso extraordinario, de un evento fuera de lo común, de un hecho fugado de la realidad, que le devolviera condición de autor.
Franz. K acomoda su humanidad en la mesa de un café y se detiene a contemplar el puñado de rostros anónimos, la danza de gestos, el dispar movimiento de una decena de ojos distantes.

Sensaciones II

Algo se bebe a la Sed de mis palabras
Descubre el escondite de un secreto
Avanza y derriba una torre en mi cráneo
Embiste, como una manada de elefantes moribundos
Nada, como un pez ciego fuera del estanque
Boxea contra un pensamiento inútil

Algo atrapado en la jaula de una frase
Nace en mi Infancia de viejo
Y a pesar de conocerme,
Aun no se atreve a mirar de cerca a mi Ombligo.

Tu nombre sabe



¿Sabe tu nombre, que cuando los labios lo construyen ,
mi boca suena a luna huérfana
A travesía en el desierto,
y tus vocales que cuando las acaricio,
se aferran a los brazos desnudos de una consonante?.

Tu nombre bien sabe que si lo nombro
al derecho o al reves, al principio o hacia el fin
el aire late dudas,
las palabras siembran noches ciegas,
los silencios navegan en el verbo de los mares.

La rutina de Ernesto K

Ernesto despertó como de costumbre, atacado por el bombardeo del reloj despertador, que lo arrancan de los brazos de la cama y lo depositan, como cada mañana, en los pies de la jornada.
Ernesto se viste con su armadura de traje y corbata, toma su café descafeinado, sin azúcar y sin alma y se prepara para abandonar su pequeño paraíso suburbano.
Ernesto espera la llegada del tren de las 8: 20, que deposita a el y a esa otra manada de trabajadores, en agujeros del tamaño de 8 horas, cinco días y doce meses continuos, distribuidos en una media de 40 años, que a su vez equivalen a una media de 76.800 horas, 9600 días y 480 días, descontando vacaciones, ausencia por enfermedad y fines de semana. Cualquier intento de cambio o variación en estas cifras, provocaría una alteración en el Universo, inmensamente proporcional a las de las dos cucharaditas de café en el desayuno de Ernesto. Afortunadamente, el tren llega a la hora prevista y el arribo a los agujeros se produce con éxito.
Ernesto desembarca en su agujero. Se sienta en su escritorio, abre un cajón de la mesa y se sumerge en las profundidades de un océano habitado por documentos, archivos, memorándum, informes, estadísticas, reportes, previsiones, análisis y otros tantos peces, que por cierto, no se llevan del todo bien con el y de vez en cuando le muerden la uña del dedo.

A las 11:25, El señor M, Jefe del departamento, aterriza en el estanque de Ernesto. Ernesto sube a la superficie y abandona por unos segundos las profundidades de su océano y asciende a la superficie. El señor M, dispara su pregunta rutinaria, que consiste por lo general, en un informe detallado del estado económico, financiero y moral del agujero.
Ernesto devuelve el disparo con una serie de informes, análisis, estadísticas, números, cifras, cálculos, probabilidades, porcentajes que provocan una sonrisa mecánica en el señor M, seguida por la articulación de una palmada de propiedades antárticas, en ángulo del hombro izquierdo de Ernesto.
El señor M se despide y se aleja, en busca del resto de los estanques, que aun restan por explorar en el transcurso de esa mañana. Ernesto vuelve a hundirse en su océano y proseguir con su tarea, con la seguridad de sentirse una pieza clave y fundamental, dentro de la estructura funcional del agujero.
A las 17:01, le reloj de pared, colocado en forma estratégica en el centro del agujero, anuncia que la jornada ha finalizado. Ernesto sube a la superficie y abandona temporalmente su océano, despidiéndose temporalmente de los peces y asegurándose que ninguno de ellos, haya osado rebelarse contra las normas, escapándose de los limites de su estanque. Afortunadamente, esto no sucede desde 1962, fecha en que se produce la mayor fuga de peces en la historia y que casi provoca el cierre definitivo del agujero.


La balada de John y Macy

Coltrane disparó la ultima nota, dinamitando el corazón del Mike´s Place, un pequeño local anclado en el corazón nocturno de la agitada San Francisco.
-Ladies and gentlemen, The John Coltrane Quartet, lanzó el presentador de turno, provocando una conmoción en la multitud extasiada, enardecida, sumergida en un trance similar al que experimentan las tribus del Norte de México cuando logran conectar Shaman. Los cimientos del pequeño local temblaron al ritmo de un fraseo salvaje y demoníaco.
Mientras que Freddie, Dave y Cannoball improvisaban el final de la canción, Coltrane mostrando signos de cansancio, abandono el escenario. Los demás músicos conocían que su ausencia temporal, se debía a la conocida dependencia de John hacia la heroína, que los últimos años habían desgastado de forma notable su talento y creatividad.
John atravesó un oscuro pasillo, hasta llegar el rellano de una puerta. Detrás de ella, lo esperaba Marcy, una joven y atractiva californiana, que desde hace algún tiempo mantenía una relación tormentosa con el Gigante del Jazz. Marcy era frecuente en los clubes del jazz de San Francisco y los dos se habían durante una actuación del quinteto Thelonius Monk en El Paradise de San Diego. Se rumorea que Marcy y Thelonius han tenido una relación amorosa, que Monk continua enamorado y que empujado por los celos, se ha distanciado de Coltrane y le ha retirado el saludo cada vez que los dos coinciden en un show.


John abrió la puerta y se encontró con el rostro dulce de Marcy, que lo esperaba como un Buda, leyendo la ultima edición de la revista Time.
-Hola Marcy.
-Hola John, que tal ha ido?
Ella se acerco hacia el y lo beso en la boca. El se hundió en un viejo y oxidado sofá, que apenas cabía entre las cuatro paredes de la habitación. Marcy lo ayudo a quitarse la correa del saxofón y El se separo del instrumento, como si se arrancara un brazo, que luego volvería a colocarse en su sitio y se incorporaría de nuevo al cuerpo.
-Recuerdame que tengo que hablar con Steve. Ya no quiero seguir tocando en lugares de mierda como este, la acústica es imposible, la batería casi no se escucha, lo puedes creer? Como es posible que Steve ya no no consiga lugares decentes para tocar? No lo entiendo. Miles tocando en el Madison y yo aquí. Como es posible, Marcy?
Ella le arremanga suavemente la camisa, preparando el terreno para la dosis diaria, escondida en su cartera y lista para acariciar el desierto de venas.

-Porque no vuelves con Miles, John?. Me cruce con la otra mañana en Denny´s, sabes? me ha dicho que le gustaría volver a tenerte en su banda. Podrías ganar una buena pasta, podríamos cambiar de casa, comprar un coche. Porque no lo haces, John? Que le den por culo a Steve, estas estancado con el y lo sabes.
-No puedo volver con Mile.
-Porque? no te entiendo...
-Porque simplemente no puedo volver con el. Hay cosas que nunca entenderás,
-Que es lo que no entiendo? Explícamelo.
-Marcy, no empieces, por favor. No me lo pongas mas difícil. Pásamela, quieres. Necesito un toque.
Marcy le entrego la aguja, que tarde menos de una milésima de segundo en clavarse en el brazo.
Mientras el efecto subía y se colgaba boca abajo en los ojos de Coltrane, Ella se mantuvo en silencio, sin respuesta. Marcy había visto morir a demasiados músicos en los últimos años, había contemplado el decadente espectáculo de la droga consumiéndolos y destrozándolos por dentro.
-No quiero verte así, John, se decía Marcy a si misma, al mismo tiempo que la imagen de Birdy, postrado en la cama, agonizando con una aguja clavada en las venas, atravesaba como un relámpago en su mente.
Marcy sabe que la historia se repetirá con John y que a pesar de las temporadas en clínicas de rehabilitación, de los tratamientos con metadona, la batalla estaba perdida desde el comienzo.
Coltrane se encendió un Chesterfield rubio, con un elegante mechero plateado, un regalo de Miles para su cumpleaños numero 30, labrado con las iniciales de su nombre.: J.C.
Por un instante, John vio reflejada en la suciedad del espejo, a su prematura vejez de 35 años.
En su rostro, las huellas miles de noches de sesiones, ensayos extenuantes, de viajes en carreteras atravesando el corazón de la América profunda, de madrugadas con aroma a Jack Daniels, de habitaciones de motel barato, putas, proxenetas, dealers, jugadores compulsivos, borrachos, yonquis, que siempre han estado merodeando en el universo del jazz...

Coltrane dio una calada profunda, intentando esconder la cabeza en la nube del tabaco.
-Podríamos ir a cenar al restaurante de Angelo o si lo prefieres en casa. Que dices?
Coltrane apago el cigarrillo y la nube de humo se disipa inmediatamente.
-Espérame en el coche Marcy, no tardo. Solo es un bis.
-Prefiero irme a casa. Estoy cansada y mañana he quedado con mis padres para almorzar.
-Esta bien, entonces espérame en casa.
Coltrane la besa repentinamente, pero ella responde con unos labios fríos y desérticos. El beso es un inmenso iceberg que avanza a toda velocidad , atravesando una tormenta.


El rugido de la multitud, de las fieras que esperaban fuera para ver en acción al Gigante del Jazz, volvió a colarse y descuartizo el beso en mil pedazos. Coltrane se separo de ella y afilo la boca del saxofón, listo para salir y bombardear la sala con fraseos imposibles.
-No regreses John. Quédate conmigo. Solo por esta vez.
-Espérame en casa. Intentare llegar temprano, te lo prometo... Te quiero, nena.
Marcy no responde, lanza una de esas miradas que desgarran, que atraviesan la carne, con ojos que son como dos cuchillos afilados que cortan el aire en rebanadas.
John atraviesa la puerta y sale, para reencontrarse con los rugidos de un publico que lo adora y lo idolatra como a Un Viejo buda.
Ladies and gentleman, The John Coltrane Quartet.

Un fa sostenido arranca a Marcy de la cama. Ella se levanta y se dirige con el cuerpo semidesnudo. Abre la puerta de la habitación y camina con los pies fríos, recorriendo el living de una modesta casa que comparte desde hace algunos meses con Coltrane, ubicada en los suburbios de San Francisco. Marcy detesta esa casa, pero John adora el barrio, ya que esta habitado por músicos, artistas, escritores y pintores. En los ultimo años San francisco es la cuna de la contracultura en América, del hippismo, de la Psicodelia, de los movimientos anti Vietnam y las revueltas estudiantiles. John siempre ha adorado a San Francisco, pero Marcy prefiere el ruido de los rascacielos de New York. Desde hace tiempo que Ella intenta convencerlo para mudarse a la Gran Manzana, pero John esta demasiado enamorado de San Francisco y su vibrante escena musical.
John esta sentado en la oscuridad, frente a la ventana , improvisando una versión ralentizada de My Funny Valentine, uno de sus temas preferidos. Marcy se acerca hacia el, deslizándose como una serpiente, en silencio a las 4 de la mañana de un domingo.
El abandona abruptamente la melodía, dejándola moribunda en el medio de un fraseo que no acaba de tomar forma. Sonríe y se sirve el undécimo trago de Jack Daniels de la noche.
-Hola Marcy. Que haces despierta?
-No puedo dormir.
-Quieres un trago?
-No,gracias.
Marcy se desploma en el sofá. Estira las piernas desnudas y las apoya en cojín gastado. Los dos se miran en silencio. Coltrane acaricia una clavija del saxofón, deslizando un tímido do menor que se pierde inmediatamente en el aire.
-Que tal ha ido?
John no responde, se mantiene en silencio. Ella se acerca hacia el y lo abraza, envolviéndolo suavemente en sus brazos pálidos.
-Que tienes?
-Voy a cumplir cuarenta años, responde Coltrane, un Sol bemol que se escapa accidentalmente de las tripas de la bestia amarilla y se impregna en una pared.
-¿Porque no volvemos a New York? Puedo hablar con mi hermana y no quedamos un tiempo en su piso. ¿Porque seguimos aquí, John? Acaso no lo ves? Esta ciudad esta muerta. Alli podríamos empezar de cero, salir de este agujero...