Saturday, January 18, 2014

La balada de John y Macy

Coltrane disparó la ultima nota, dinamitando el corazón del Mike´s Place, un pequeño local anclado en el corazón nocturno de la agitada San Francisco.
-Ladies and gentlemen, The John Coltrane Quartet, lanzó el presentador de turno, provocando una conmoción en la multitud extasiada, enardecida, sumergida en un trance similar al que experimentan las tribus del Norte de México cuando logran conectar Shaman. Los cimientos del pequeño local temblaron al ritmo de un fraseo salvaje y demoníaco.
Mientras que Freddie, Dave y Cannoball improvisaban el final de la canción, Coltrane mostrando signos de cansancio, abandono el escenario. Los demás músicos conocían que su ausencia temporal, se debía a la conocida dependencia de John hacia la heroína, que los últimos años habían desgastado de forma notable su talento y creatividad.
John atravesó un oscuro pasillo, hasta llegar el rellano de una puerta. Detrás de ella, lo esperaba Marcy, una joven y atractiva californiana, que desde hace algún tiempo mantenía una relación tormentosa con el Gigante del Jazz. Marcy era frecuente en los clubes del jazz de San Francisco y los dos se habían durante una actuación del quinteto Thelonius Monk en El Paradise de San Diego. Se rumorea que Marcy y Thelonius han tenido una relación amorosa, que Monk continua enamorado y que empujado por los celos, se ha distanciado de Coltrane y le ha retirado el saludo cada vez que los dos coinciden en un show.


John abrió la puerta y se encontró con el rostro dulce de Marcy, que lo esperaba como un Buda, leyendo la ultima edición de la revista Time.
-Hola Marcy.
-Hola John, que tal ha ido?
Ella se acerco hacia el y lo beso en la boca. El se hundió en un viejo y oxidado sofá, que apenas cabía entre las cuatro paredes de la habitación. Marcy lo ayudo a quitarse la correa del saxofón y El se separo del instrumento, como si se arrancara un brazo, que luego volvería a colocarse en su sitio y se incorporaría de nuevo al cuerpo.
-Recuerdame que tengo que hablar con Steve. Ya no quiero seguir tocando en lugares de mierda como este, la acústica es imposible, la batería casi no se escucha, lo puedes creer? Como es posible que Steve ya no no consiga lugares decentes para tocar? No lo entiendo. Miles tocando en el Madison y yo aquí. Como es posible, Marcy?
Ella le arremanga suavemente la camisa, preparando el terreno para la dosis diaria, escondida en su cartera y lista para acariciar el desierto de venas.

-Porque no vuelves con Miles, John?. Me cruce con la otra mañana en Denny´s, sabes? me ha dicho que le gustaría volver a tenerte en su banda. Podrías ganar una buena pasta, podríamos cambiar de casa, comprar un coche. Porque no lo haces, John? Que le den por culo a Steve, estas estancado con el y lo sabes.
-No puedo volver con Mile.
-Porque? no te entiendo...
-Porque simplemente no puedo volver con el. Hay cosas que nunca entenderás,
-Que es lo que no entiendo? Explícamelo.
-Marcy, no empieces, por favor. No me lo pongas mas difícil. Pásamela, quieres. Necesito un toque.
Marcy le entrego la aguja, que tarde menos de una milésima de segundo en clavarse en el brazo.
Mientras el efecto subía y se colgaba boca abajo en los ojos de Coltrane, Ella se mantuvo en silencio, sin respuesta. Marcy había visto morir a demasiados músicos en los últimos años, había contemplado el decadente espectáculo de la droga consumiéndolos y destrozándolos por dentro.
-No quiero verte así, John, se decía Marcy a si misma, al mismo tiempo que la imagen de Birdy, postrado en la cama, agonizando con una aguja clavada en las venas, atravesaba como un relámpago en su mente.
Marcy sabe que la historia se repetirá con John y que a pesar de las temporadas en clínicas de rehabilitación, de los tratamientos con metadona, la batalla estaba perdida desde el comienzo.
Coltrane se encendió un Chesterfield rubio, con un elegante mechero plateado, un regalo de Miles para su cumpleaños numero 30, labrado con las iniciales de su nombre.: J.C.
Por un instante, John vio reflejada en la suciedad del espejo, a su prematura vejez de 35 años.
En su rostro, las huellas miles de noches de sesiones, ensayos extenuantes, de viajes en carreteras atravesando el corazón de la América profunda, de madrugadas con aroma a Jack Daniels, de habitaciones de motel barato, putas, proxenetas, dealers, jugadores compulsivos, borrachos, yonquis, que siempre han estado merodeando en el universo del jazz...

Coltrane dio una calada profunda, intentando esconder la cabeza en la nube del tabaco.
-Podríamos ir a cenar al restaurante de Angelo o si lo prefieres en casa. Que dices?
Coltrane apago el cigarrillo y la nube de humo se disipa inmediatamente.
-Espérame en el coche Marcy, no tardo. Solo es un bis.
-Prefiero irme a casa. Estoy cansada y mañana he quedado con mis padres para almorzar.
-Esta bien, entonces espérame en casa.
Coltrane la besa repentinamente, pero ella responde con unos labios fríos y desérticos. El beso es un inmenso iceberg que avanza a toda velocidad , atravesando una tormenta.


El rugido de la multitud, de las fieras que esperaban fuera para ver en acción al Gigante del Jazz, volvió a colarse y descuartizo el beso en mil pedazos. Coltrane se separo de ella y afilo la boca del saxofón, listo para salir y bombardear la sala con fraseos imposibles.
-No regreses John. Quédate conmigo. Solo por esta vez.
-Espérame en casa. Intentare llegar temprano, te lo prometo... Te quiero, nena.
Marcy no responde, lanza una de esas miradas que desgarran, que atraviesan la carne, con ojos que son como dos cuchillos afilados que cortan el aire en rebanadas.
John atraviesa la puerta y sale, para reencontrarse con los rugidos de un publico que lo adora y lo idolatra como a Un Viejo buda.
Ladies and gentleman, The John Coltrane Quartet.

Un fa sostenido arranca a Marcy de la cama. Ella se levanta y se dirige con el cuerpo semidesnudo. Abre la puerta de la habitación y camina con los pies fríos, recorriendo el living de una modesta casa que comparte desde hace algunos meses con Coltrane, ubicada en los suburbios de San Francisco. Marcy detesta esa casa, pero John adora el barrio, ya que esta habitado por músicos, artistas, escritores y pintores. En los ultimo años San francisco es la cuna de la contracultura en América, del hippismo, de la Psicodelia, de los movimientos anti Vietnam y las revueltas estudiantiles. John siempre ha adorado a San Francisco, pero Marcy prefiere el ruido de los rascacielos de New York. Desde hace tiempo que Ella intenta convencerlo para mudarse a la Gran Manzana, pero John esta demasiado enamorado de San Francisco y su vibrante escena musical.
John esta sentado en la oscuridad, frente a la ventana , improvisando una versión ralentizada de My Funny Valentine, uno de sus temas preferidos. Marcy se acerca hacia el, deslizándose como una serpiente, en silencio a las 4 de la mañana de un domingo.
El abandona abruptamente la melodía, dejándola moribunda en el medio de un fraseo que no acaba de tomar forma. Sonríe y se sirve el undécimo trago de Jack Daniels de la noche.
-Hola Marcy. Que haces despierta?
-No puedo dormir.
-Quieres un trago?
-No,gracias.
Marcy se desploma en el sofá. Estira las piernas desnudas y las apoya en cojín gastado. Los dos se miran en silencio. Coltrane acaricia una clavija del saxofón, deslizando un tímido do menor que se pierde inmediatamente en el aire.
-Que tal ha ido?
John no responde, se mantiene en silencio. Ella se acerca hacia el y lo abraza, envolviéndolo suavemente en sus brazos pálidos.
-Que tienes?
-Voy a cumplir cuarenta años, responde Coltrane, un Sol bemol que se escapa accidentalmente de las tripas de la bestia amarilla y se impregna en una pared.
-¿Porque no volvemos a New York? Puedo hablar con mi hermana y no quedamos un tiempo en su piso. ¿Porque seguimos aquí, John? Acaso no lo ves? Esta ciudad esta muerta. Alli podríamos empezar de cero, salir de este agujero...













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