Los
científicos, reunidos en secreto en una sesión extraordinaria del
Planetario de la ciudad. Intentaron develar diferentes teorías
acerca de las causas de un extraordinario fenómeno astronómico,
inédito en Buenos Aires desde su mismísima fundación.
Luego
de horas de enfervorizada discusión, esa primera noche no
arrojaron conclusión alguna y la gravedad de los hechos preocupo
hasta él mas optimista. No era para menos, ya que esa noche, de
forma inexplicable, La
Luna había desparecido del cielo porteño.
Las deliberaciones
continuaron durante las noches siguientes y lentamente fueron
llegando distintos especialistas provenientes de todas las regiones
del país. Se descartó la posibilidad de acudir a la ayuda de
profesionales del extranjero, por tratarse mas bien de un problema de
índole local y para en alguna medida, volver a demostrarle al mundo
el talento y la eficacia de los científicos argentinos.
Hasta
que una noche, probablemente la décima luego del inicio del
fenómeno, el Doctor Martín Salazar, jefe adjunto del centro de
estudios meteorológicos del gobierno de la ciudad de Córdoba,
despertó con una teoría, el asombro entre los cientos de colegas
que abarrotaban la sala Julio Verne, del Planetario Nacional.
Según
palabras del Doctor Salazar, el principio de que la Luna esa noche
desapareciera del cielo porteño, sin dejar ningún rastro, no tenia
una raíz científica, sino más bien sentimental: “La luna ha
desaparecido del cielo porteño por una razón sentimental”.
La
frase sonó como una bomba y su efecto no tardo en generar una voces
de protesta y aberración, que al cabo de unos minutos inundaron la
acalorada sala.
“La
Luna no puede sentir, por la sencilla razón de que ningún objeto
astral puede concebir sentimiento, proclamó escandalizado, el jefe
de La cátedra de Astronomía de la Facultad de Ciencias de la ciudad
de Mendoza.
En
cuestión de segundos, el ambiente se fue caldeando y el repudio
unánime a tan alocada y anticientífica teoría se multiplicó
molecularmente.
De no haber sido por la
oportuna intervención del doctor Amadeo Guerra, ministro del
interior y asuntos internacionales, cualquiera habría dicho que la
cordura y la ética profesional estaba perdido entre esos hombre de
ciencia y que el motivo por el cual estaban convocados a la sesión
extraordinaria descendía a un mero segundo plano.
-Señores,
señores por favor. Silencio, a ver, silencio por favor.
Las
palabras de Guerra, afamado por su carisma y liderazgo en los
conflictos, surtió rápidamente efecto y poco a poco los ánimos se
fueron calmando, hasta que Salazar prosiguió con su discurso.
-Gracias.
Si bien estoy en un principio estoy en desacuerdo con la
verosimilitud de la teoría del compañero Salazar, creo que
primero deberíamos dejar que acabe con su exposición y después
sacar nuestras propias conclusiones. ¿ No les parece?
Poco
a poco los ánimos se fueron calmando, hasta que la cordura volvió a
inundar la sala, permitiendo que Salazar, escondido y atemorizado por
el efecto de sus palabras, prosiguió.
-Gracias,
señor ministro. Bueno, antes de proseguir, me gustaría fundamentar
mi teoría en une exhaustivo estudio que he estado realizando a
nuestra Luna desde hace ya algunos meses, por que su desaparición si
bien me ha conmovido como a todos ustedes, al mismo tiempo no ha sido
mas que el desenlace de un proceso, que probablemente se inicia una
década atrás con la masiva fuga de porteños hacia otros rincones
del planeta. Nadie puede negar, que hemos sido victimas de un
profundo vaciamiento de conciudadanos en los últimos años, que han
preferido ir en búsqueda de un mejor pasar, que lamentablemente
nuestra ciudad ya no nos puede brindar. La luna necesita de
espectadores, como un actor necesita de su publico y si el teatro se
vacía, no queda mas remedio de levantar la obra y buscar el aplauso
en otro sitio. La luna se ha exiliado, presa de la tristeza de ya no
ser por los noctámbulos de esta ciudad.
Un
tenso silencio invadió el lugar. Los científicos, ahora sumidos en
un estado de desconcierto que por lo general provoca la revelación
de una verdad. Se miraron entre si y murmuraron durante unos cuantos
minutos, pero sin poder rebatir la afirmación de Salazar.
-
Pero ¿ A donde se ha ido? Inquirió el doctor Abelardo Echevarria,
profesor adjunto de la cátedra de física III , de la facultad de
Ciencias exactas de la universidad de Río Negro, confirmando que en
cuestión de segundos, la situación se había revertido
drásticamente en favor del doctor Salazar.
El
resto, que ahora miraba a Salazar como la única llave para resolver
el enigma, espero impaciente la respuesta.
-No
estoy seguro, contestó Salazar...
Estas
tres palabras reabrieron un agujero negro de incertidumbre en la
sala. Estaba claro La ciencia necesita de datos precisos para
conducir a resultados concretos y....
Breve
Interrupción del autor:
Aquí
entro en el conflicto de la segunda pagina. Me cuesta un esfuerzo
abismal poder superarla. Es como si las palabras decidieran montar
una huelga en el borde de la hoja y no quisieran seguir atravesando
en el relato. Seguramente, usted lector imaginario, estará buscando
la conclusión del relato, un final feliz que pueda satisfacer sus
expectativas y que renueve la confianza en mi, o sea en el autor de
la obra.
Lamento
confesarle que esto no será posible. El relato se acaba aquí.
Quizás los científicos hayan seguido reunidos debatiendo durante
meses y años , dando vueltas al asunto, malgastando el tiempo sin
encontrar ninguna pista que pudiera conducir hacia la solución del
problema
Quizás
Salazar, haya abandonado la empresa y la ciencia, preso de una
impotencia de no hallar la solución al enigma. O quizás la Luna,
acorralada por un ataque agudo de melancolía porteña, haya decidido
volver a casa.
O
quizás ninguna de las otras opciones mencionadas sea la correcta y
usted lector, si a usted el estoy hablando, deba abandonar la
pasividad, dejar de lado la cobardía y encontrarle un cierre
apropiado a esta historia.
Bueno
en cuanto a mi, confieso que el discurso final ha sido una pequeña
artimaña, un infame truco literario. Lo he estado engañando, si a
usted y no a otro, a costa de que las palabras por fin se decidieran
a abandonar el bloqueo ,mordieran el anzuelo y atravesaran el pie
de la segunda pagina.
No comments:
Post a Comment