Saturday, January 18, 2014

La noche que Buenos Aires se despertó sin Luna

Los científicos, reunidos en secreto en una sesión extraordinaria del Planetario de la ciudad. Intentaron develar diferentes teorías acerca de las causas de un extraordinario fenómeno astronómico, inédito en Buenos Aires desde su mismísima fundación.
Luego de horas de enfervorizada discusión, esa primera noche no arrojaron conclusión alguna y la gravedad de los hechos preocupo hasta él mas optimista. No era para menos, ya que esa noche, de forma inexplicable, La Luna había desparecido del cielo porteño.
Las deliberaciones continuaron durante las noches siguientes y lentamente fueron llegando distintos especialistas provenientes de todas las regiones del país. Se descartó la posibilidad de acudir a la ayuda de profesionales del extranjero, por tratarse mas bien de un problema de índole local y para en alguna medida, volver a demostrarle al mundo el talento y la eficacia de los científicos argentinos.


Hasta que una noche, probablemente la décima luego del inicio del fenómeno, el Doctor Martín Salazar, jefe adjunto del centro de estudios meteorológicos del gobierno de la ciudad de Córdoba, despertó con una teoría, el asombro entre los cientos de colegas que abarrotaban la sala Julio Verne, del Planetario Nacional.
Según palabras del Doctor Salazar, el principio de que la Luna esa noche desapareciera del cielo porteño, sin dejar ningún rastro, no tenia una raíz científica, sino más bien sentimental: “La luna ha desaparecido del cielo porteño por una razón sentimental”.
La frase sonó como una bomba y su efecto no tardo en generar una voces de protesta y aberración, que al cabo de unos minutos inundaron la acalorada sala.

“La Luna no puede sentir, por la sencilla razón de que ningún objeto astral puede concebir sentimiento, proclamó escandalizado, el jefe de La cátedra de Astronomía de la Facultad de Ciencias de la ciudad de Mendoza.
En cuestión de segundos, el ambiente se fue caldeando y el repudio unánime a tan alocada y anticientífica teoría se multiplicó molecularmente.
De no haber sido por la oportuna intervención del doctor Amadeo Guerra, ministro del interior y asuntos internacionales, cualquiera habría dicho que la cordura y la ética profesional estaba perdido entre esos hombre de ciencia y que el motivo por el cual estaban convocados a la sesión extraordinaria descendía a un mero segundo plano.


-Señores, señores por favor. Silencio, a ver, silencio por favor.
Las palabras de Guerra, afamado por su carisma y liderazgo en los conflictos, surtió rápidamente efecto y poco a poco los ánimos se fueron calmando, hasta que Salazar prosiguió con su discurso.

-Gracias. Si bien estoy en un principio estoy en desacuerdo con la verosimilitud de la teoría del compañero Salazar, creo que primero deberíamos dejar que acabe con su exposición y después sacar nuestras propias conclusiones. ¿ No les parece?
Poco a poco los ánimos se fueron calmando, hasta que la cordura volvió a inundar la sala, permitiendo que Salazar, escondido y atemorizado por el efecto de sus palabras, prosiguió.
-Gracias, señor ministro. Bueno, antes de proseguir, me gustaría fundamentar mi teoría en une exhaustivo estudio que he estado realizando a nuestra Luna desde hace ya algunos meses, por que su desaparición si bien me ha conmovido como a todos ustedes, al mismo tiempo no ha sido mas que el desenlace de un proceso, que probablemente se inicia una década atrás con la masiva fuga de porteños hacia otros rincones del planeta. Nadie puede negar, que hemos sido victimas de un profundo vaciamiento de conciudadanos en los últimos años, que han preferido ir en búsqueda de un mejor pasar, que lamentablemente nuestra ciudad ya no nos puede brindar. La luna necesita de espectadores, como un actor necesita de su publico y si el teatro se vacía, no queda mas remedio de levantar la obra y buscar el aplauso en otro sitio. La luna se ha exiliado, presa de la tristeza de ya no ser por los noctámbulos de esta ciudad.

Un tenso silencio invadió el lugar. Los científicos, ahora sumidos en un estado de desconcierto que por lo general provoca la revelación de una verdad. Se miraron entre si y murmuraron durante unos cuantos minutos, pero sin poder rebatir la afirmación de Salazar.
- Pero ¿ A donde se ha ido? Inquirió el doctor Abelardo Echevarria, profesor adjunto de la cátedra de física III , de la facultad de Ciencias exactas de la universidad de Río Negro, confirmando que en cuestión de segundos, la situación se había revertido drásticamente en favor del doctor Salazar.
El resto, que ahora miraba a Salazar como la única llave para resolver el enigma, espero impaciente la respuesta.
-No estoy seguro, contestó Salazar...
Estas tres palabras reabrieron un agujero negro de incertidumbre en la sala. Estaba claro La ciencia necesita de datos precisos para conducir a resultados concretos y....

Breve Interrupción del autor:
Aquí entro en el conflicto de la segunda pagina. Me cuesta un esfuerzo abismal poder superarla. Es como si las palabras decidieran montar una huelga en el borde de la hoja y no quisieran seguir atravesando en el relato. Seguramente, usted lector imaginario, estará buscando la conclusión del relato, un final feliz que pueda satisfacer sus expectativas y que renueve la confianza en mi, o sea en el autor de la obra.
Lamento confesarle que esto no será posible. El relato se acaba aquí. Quizás los científicos hayan seguido reunidos debatiendo durante meses y años , dando vueltas al asunto, malgastando el tiempo sin encontrar ninguna pista que pudiera conducir hacia la solución del problema
Quizás Salazar, haya abandonado la empresa y la ciencia, preso de una impotencia de no hallar la solución al enigma. O quizás la Luna, acorralada por un ataque agudo de melancolía porteña, haya decidido volver a casa.
O quizás ninguna de las otras opciones mencionadas sea la correcta y usted lector, si a usted el estoy hablando, deba abandonar la pasividad, dejar de lado la cobardía y encontrarle un cierre apropiado a esta historia.

Bueno en cuanto a mi, confieso que el discurso final ha sido una pequeña artimaña, un infame truco literario. Lo he estado engañando, si a usted y no a otro, a costa de que las palabras por fin se decidieran a abandonar el bloqueo ,mordieran el anzuelo y atravesaran el pie de la segunda pagina.


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