La piel se congela
El corazón golpea
lento, palpita entre agujeros
El cráneo traza un
mapa de ideas imposibles,
Los ojos desatan un
combate contra los párpados, se extiende durante horas,
y finaliza con la
primera campanada del sueño.
La carne se aligera,
pesa menos y flota leve en una nube de ventanas.
Los brazos, las piernas
y las manos se desconectan del cuerpo,
Inician su exilio hacia
un país extranjero.
Ella abandona la
habitación, con el primer grito del alba,
Se aleja, arropada en
una extraña atmósfera de dudas.
Su aroma se resiste a
fugarse y se aferra con los dientes a la cama,
A un cementerio de
caricias y de besos abortados.
El inicia un lucha
cuerpo a cuerpo, para retener un segundo más de aliento.
Ella intenta descifrar
un jeroglífico de palabras moribundas
El intenta detener el
avance de un ejército de excusas,
atrapados en una carta
de despedida,
fría como un Iceberg
a punto de chocar contra el Titanic.
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