La
mano errante,
la
noche degollada por el desvelo,
piel
atada al cielorraso,
al
silencio masturbado,
a
la muerte quieta,
a
los pies de una habitación, boca arriba,
sedienta,
ardiendo en los párpados,
en
la comisura delgada de los labios,
desnuda
en un océano,
durmiendo
una siesta debajo de la almohada.
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