Laura dispara esa mirada,
que tanto conozco y tanto temo.
Nace frágil en el vientre de una almohada
y desemboca en un cementerio de caricias que construimos juntos.
Ahora las noches se devoran a las tardes,
y amanecemos con una resaca de sexo infértil.
una luz moribunda nos ilumina
y es es ese instante, claro y a la vez borroso
en el que respiramos, por primera vez
el aire de una separación inevitable.
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