El paciente se acomoda en a proa del sofá.
La analista, al frente de la expedición, descubre un iceberg, rodeado por una flota de miedos, fobias, alucinaciones, depresiones y pecados de infancia.
La marea sube, violenta.
La tormenta se prolongará durante los próximos cuarenta y cinco minutos de travesía.
El se ahoga en las profundidades del inconsciente, tropieza y cae en un agujero plagado de culpas.
Ella lo rescata, abriendo un pequeño bote salvavidas escondido en su Block de notas.
El sube a la superficie.
El cielo de se despeja. Las aguas se calman.
El barco se endereza y evita el naufragio.
Ella le entrega una brújula de 30 miligramos diarios.
El suspira y acepta aliviado, su dosis de felicidad comprimida.

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