Duerme en una cama de ausencia.
Apoya la frente en el abismo de la almohada
Estira la mano y sus dedos acarician el lugar vacío, el hueco, el tajo en el espacio
Se sienta en una mesa
Y le da un sorbo al plato de soledad
Respira. Deja de respirar
Nace y muere en el intervalo que existe entre cada segundo.
Ahí, donde supuestamente habita un abismo de proporciones gigantescas
Piensa en Ella. Deja de pensarla
La sueña. Tantas veces como es posible soñarla.
La desea. No la desea. Se la imagina.
Abre un libro.
Busca la página, la línea, el párrafo,
La palabra exacta y milimétrica.
Se levanta. Camina. Vuela. Cae.
Da vueltas, giros, saltos
se empecina en mantener los pies sobre la tierra.
Aprieta una tecla y da luz a un pensamiento. Una idea. Un deseo
Imprime un sueño en la hoja.
Lo borra, lo rompe, lo quema
Y esparce las cenizas en el Universo
Agoniza. Grita. Espera el Ocaso.
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