Friday, March 4, 2011

Vuelvo al Sur


Vuelvo al Sur,
Cada noche el océano deja de ser ese charco de agua cruel, y con tan solo dar un paso, estoy otra vez del otro lado, saboreando el olor a Buenos Aires, conviviendo con sus demonios, haciendo amigo de sus desdichas, compartiendo con sus habitantes esa agradable relación de amor- odio que tenemos con una ciudad, que escupe a sus habitantes y los ahoga con su los grises.

Soy el Sur, aunque a veces me esfuerce en soñar en otro idioma, y esconda tan cobarde el acento, a cada uno de mis su lo acompaña un subtitulo en porteño
Lloro al Sur, mis lagrimas desembocan el la punta del Riachuelo, desembarcan en el puerto y deambulan perdidas en los barrios, buscando entre un enjambre de monstruos de asfalto la nostalgia del primer beso.
Miro al Sur y reaparece la amarga despedida en un pasillo de Aeropuerto, el sobrepeso de maleta, demasiado pequeña como para cargar todo un pasado, reaparece el sello frío de pasaporte que certifica mi muerte por tristeza.

Aun te miro, Sur.
Porque la tristeza es siempre Made in Buenos Aires y nadie mejor que nosotros para cultivar la melancolía de domingo a la tarde, mezclada entre ruidos de transmisiones de fútbol y olor a tortas fritas con sabor la abuela.
Si supieras, Sur, como te pienso y en ese pensamiento vago, se suben a bordo todos los que decidieron quedarse a luchar, como Quijotes criollos, contra los molinos de viento de la crisis. Te pienso tanto, Porque tengo ese miedo a que si un día se me ocurre no hacerlo, quizás desaparezcas de mi Mapa y dejes de figurar en mi brújula.
Aun te sueño, Sur.
Dicen que las noches de Buenos Aires no tienen estrellas, pero cada noche miro al cielo e intento arrancar ese pedazo de luna que me falta.
Cuentan que aquí, en el viejo continente, se respira mejor, pero para mi La Torre Eiffel no se parece en nada al Obelisco y Los Campos Eliseos no suenan como las bocinas de Corrientes.

Aun te pienso, Sur.
Porque a la primera novia no se olvida y el primer beso queda colgado para siempre de los labios.